Publicado el: 23 de jul, 2019

Orígen de Marchigue

Orígen de Marchigue

Orígenes

Las investigaciones arqueológicas actuales han demostrado que la presencia humana ha sido ininterrumpida desde hace 11.300 años (Tagua-Tagua). Corresponde a una zona tempranamente poblada, no solo a nivel del país, sino también en el contexto americano. En un principio, por un lapso de tiempo que se extiende hasta el año 50 a. C. y que comprende dos períodos denominados paleoindio y arcaico, los primeros pobladores adoptaron un sistema de vida nómade que implicaba un desplazamiento continuo en pos de recursos de subsistencia.

Para el siglo XV Marchigüe estaba habitado por chiquillanes,​ cazadores nómades. Sus principales caciques fueron los de Reto, Mallermo, Guadalao, Marchán y Viluco que se repartían el valle desde el río Rapel hasta la hoy Peña Blanca en las estribaciones de la cordillera de la costa. Vivían de la caza del guanaco y diversas aves que por entonces abundaba en los espinares.

Imperio inca

Los pueblos chiquillanes eran esencialmente cazadores-recoletores de vida nómade que trashumaban su ganado doméstico entre los valles cordilleranos y la costa. Sus habitaciones eran muy precarias formadas sobre la base de quinchas (ramas tramadas y embarradas) cubiertas con pieles y debieron asumir una cultura más sedentaria cuando la agricultura se inició parcialmente con la llegada de los incas a mando de Tupac Yupanqui en 1460, significándoles abandonar el sistema de vida nómade, para adoptar hábitos sedentarios en las riberas de los cauces, en especial del río Rapel. Aun cuando en esta área fue menor el impacto y el dominio real ejercido por los representantes del Inca, se dejó sentir su influencia en lo referente a prácticas agrícolas que perdura hasta ahora. La gran diferencia radica en el régimen de propiedad que el inca impuso siendo él dueño absoluto de sus dominios repartiendo parcelas ("mitas") a sus súbditos de acuerdo a sus necesidades, jerarquía social o mando militar dentro de sus dominios. Los conquistadores reemplazarían este sistema por las encomiendas destinadas a premiar méritos militares y civiles durante los primeros siglos de la colonia a cambio de la evangelización de su servidumbre.

Conquista española

Aún estaba vigente el dominio incaico, cuando llegaron los conquistadores españoles. Esta vez, el impacto sobre la sociedad aborigen provocó a la larga su desarticulación total y definitiva.

El origen de la comarca se origina alrededor del estero Cadenas, pues la primera mención a Marchigüe tiene relación con una expedición de Jerónimo de Costilla, conquistador español que acompañó a Diego de Almagro y Pedro de Valdivia, quien para demostrar cuán al sur había llegado una expedición suya, clavó unas cadenas en un río que "corría curiosamente de mar a cordillera" frente a lo que hoy es Marchigüe y que desde entonces se denomina "Cadenas", aun cuando se trata de un estero de invierno. El estero sin embargo dividía también dos desarrollos históricos diferentes. Al norte, las primeras encomiendas de Miguel Gómez de Silva, y al sur, las encargadas a Melchor Jufré, siendo su vínculo la parroquia de Reto, originada en la hacienda de nombre "Retomalal" a escasos kilómetros del actual pueblo, que nació gracias al paso del ferrocarril.

Tras la llegada de los conquistadores, durante el siglo XVI, Pedro de Valdivia entregó Colchagua en encomienda a Inés de Suárez, además de una extensión que iba desde Ligüeimo hacia la costa, aun cuando no resulta claro donde deslindaba con la encomienda del corregidor Alonso Pérez de Valenzuela (véase Francisco Pérez de Valenzuela) que poseía las tierras desde La Estrella hasta la costa, o Juan Gómez de Almagro, encomendero de Pailimo y Topocalma hacia 1544. Hasta fines del siglo XVI solo se reconocían los poblados de Ligüeimo, ya mencionado como doctrina en 1565, y Rapel, cuando en 1593 el gobernador Martín García Óñez de Loyola nombra al primer corregidor de Colchagua, Álvaro de Villagra.

Rodrigo de Quiroga, quien desposara a la primera española en llegar a Chile, asentó su hacienda cerca del río Tinguiririca, en el lugar conocido actualmente como Las Majadas, y su encomienda deslindaba al sur-poniente con la de Reto, separada por el estero Cadenas, que fue asignada a Juan Jufré, compañero de Valdivia desde la puna de Atacama. Esa encomienda —que se iniciaba al sur del citado estero y finalizaba en los de Lolol y Nilahue— se dividió entre sus herederos: Melchor Jufré del Águila, a quien se asignaron los valles de Pumanque y Nilahue y Diego Jufré y Gavilán, que vino a Chile con García Hurtado de Mendoza en 1557 y se adjudicó la estancia que hoy comprende Marchigüe, Ranquilhue, Reto, La Peña Blanca y el Colhue.

Las encomiendas se transformaron en grandes haciendas sobre la cual la Iglesia católica ejercía una fuerte supremacía, que derivó desde la fiscalización evangelizadora de los encomenderos, hasta la posesión en propiedad de una parte sustantiva del territorio marchiguano donde Agustinos, Jesuitas y diocesanos tuvieron una gran supremacía hasta mediados del siglo XVIII, desde cuando fueron siendo adquiridas por privados que dieron origen a las grandes haciendas del siglo XIX.

Viñas de la comuna.
 
 

Hacia el norte, Marchigüe deslindaba con la ya mencionada encomienda de Rapel que ya en el siglo XX su delimitación con la actual comuna correspondía aproximadamente a las que hasta poco eran las haciendas Santa Mónica, de la familia Patiño, hoy de Antonio Molfino; Las Damas, de la familia de José Torrealba; La Cueva, de Juan y Rodolfo Schulz Torrealba; Los Cardillos de pequeños propietarios; San Miguel de los Llanos, de la familia Huerta, de la que se escindió San Miguel Chico que heredeara después Alicia Huerta de Peebles; El Molino de la familia Errázuriz Mackenna, hoy de Marcelo Romero y antes de Valentín Fernández Beltrán, dueño este último también de las Chacras y San Rafael del Río; San Miguel de Viluco de la familia Silva Arrué; Los Graneros de Mallermo de la familia Pereira Larraín; Guadalao y Santa Clotilde de Elena Pereira Íñiguez y con el río Rapel, en cuya ribera norte deslindaba con las haciendas de Ucúquer, Santa Inés y La Cornellana en las Cabras. La primera fue propiedad posteriormente de la reina Isabel II de Gran Bretaña hasta los años 1970.

Hacia el oriente, Marchigüe deslindaba con las tierras de Ligüeimo, cuya encomienda original a Rodrigo de Quiroga derivó a su descendencia Cabeza de Vaca y Rojas Fuentes, para terminar subdividiéndose en al menos en 7 grandes haciendas a principios del XIX: El Huique de la familia Errázuriz, que tuvo como propietarios a los 2 presidentes de ese apellido que hubo en ese siglo; Pupilla de los Echenique; Calleuque de la familia Valdés, de la que se escindirían después Marchigüe de Población —de Ignacio Infante Abbott, hoy de Manuel Cruzat— y La Población de los Velasco, de los Velasco Undurraga, hoy de las familias Michelini y Schuster; Puquillay, actualmente de la familia Eyzaguirre Echenique y del barón Eric de Rothschild en lo que hoy es Peralillo, y Ranquilhue, de la familia de José Manuel Villela, hoy fragmentada en muchas hijuelas. Al noreste deslindaba con las haciendas de Toco y Almahue, alguna vez de las familias Ovalle, Bravo de Naveda e Irarrázaval, ya mencionadas como encomiendas desde principios del siglo XVII dependientes de las doctrinas de Malloa y Peumo.

Paisaje típico.
 

Hacia la costa, la estancia de Petrel había pertenecido sucesivamente al capitán Tomás de Durán por merced otorgada por el gobernador Alonso García Ramón en 1607, la que se traspasa al capitán Francisco González de Liébana y, ya con el nombre de San Francisco de Pichilemu, en 1611 a Bartolomé Rojas y Puebla, de quien pasó, tras varias generaciones, a su descendiente Agustina de Rojas y Gamboa, quien la llevó en dote al casar en 1781 con Francisco Larraín y Lecaros, quien la vendió para adquirir la hacienda Aculeo junto a su socio, el conde de la Conquista, Mateo de Toro y Zambrano. La hacienda que abarcaba toda la cordillera de la costa se dividió siglos después en los fundos Alcones de la familia Menéndez, San Miguel de Las Palmas, de los Förster; Las Palmas, de los Amunátegui, Los Valles, de la familia Edwards Ross; Pailimo, de la familia Bozo Valenzuela, Alto Colorado, de la familia Silva y después de Bisquertt; Panilonco, que fuera de José Gregorio Argomedo, secretario de la Primera Junta Nacional de Gobierno en 1810 y ahora en poder de sus descendientes Arriagada Argomedo; Mónaco, de la familia Jaramillo Arriagada; Tanumé, de la familia Aspillaga; La Rosa de Agenor González, hoy de la familia Contreras; El Cóguil, primero del insigne patriota de la Independencia Manuel de Salas y sus descendientes, después de Julio Vicuña Subercaseaux y por último de la familia Izquierdo; El Puesto, de la familia Echazarreta Íñiguez y San Antonio de Petrel, de la familia Ortúzar Formas y Ortúzar Cuevas, después de la familia Suárez Mujica, hoy de Francisco Errázuriz.

Al sur, la entonces localidad de Marchigüe deslindaba con la extensa heredad del conquistador Melchor Jufré del Águila, que en su parte marchiguana se asentaba en Colhue. Su descendencia derivó a la familia Fuentes Rojas, Fuentes Pavón y Urzúa que la fueron subdiviendo sucesivamente hasta mediados del siglo XIX, cuando los registros mencionan la hacienda de Ranquilhue de José Manuel Villela; la hacienda de Colhue de la familia de Celedonio Correa (que fue adquirida a la sucesión de Manuela Gertrudis de Jofré, que la incluyó en 1786 en su dote matrimonial con José Manuel Urzúa); y la estancia de Pumanque (que en el siglo XVIII pertenecía a la familia del general Alonso de Soto y Córdoba), que se subdividió en el siglo XIX en las haciendas de las familias Rodríguez y Baraona; las haciendas de Nilahue que en el siglo XVII pertenecían a Francisco de Villavicencio y luego a las familias Larraín, Eguiguren y Castro, y las haciendas de las familias Montero, Álvarez y Vallejos de Paredones, así como extensiones menores de Querelema, El Calvario, San Miguel de Las Palmas y Cocauquén. Sobre el límite sur oeste de la entonces parroquia y más allá de la Peña Blanca, estaba la hacienda Camarico de Urbano Cornejo, antecesor de varias generaciones que llevan su mismo nombre y deslinda con la famosa Poza del Encanto del Nilahue, mencionada por Oreste Plath como una de las leyendas chilenas más antiguas.